lunes, 5 de noviembre de 2012

La politica del cuerpo


#seleshancaidolasmanos. Ese fue el primer indicio de que aquel día iba a cambiar el curso de la política. La gente se levantó como cualquier día: llevó a sus hijos al colegio, algunos (los que tenían) fueron a sus puestos de trabajo y el resto, simplemente siguieron con sus vidas. Pero algo no iba bien, el día no seguía la rutina diaria.

Los noticieros, los periódicos, solo hablaban de política internacional, o noticias nacionales del día anterior. No había declaraciones del gobierno, ni respuestas de la oposición. El parlamento y el senado no se habían reunido hoy, ni siquiera los regionales, y los consistorios parecían deshabitados. Era como si todos nuestros políticos hubiesen desaparecido del mapa. El pueblo no le dio importancia, se sentía aliviado de tener un día sin noticias sobre reformas injustas, juicios por corrupción o arengas nacionalistas…

Pero una frase se movía de boca a boca, y de tweet a tweet: A los políticos se les han caído las manos. Todos lo sabían, no era nada nuevo que la política se había convertido más en una estafa de la democracia que en un organismo para gobernar la nación, pero nadie se imaginaba la literalidad de esa sentencia.

jueves, 28 de junio de 2012

En Blanco

Otra vez tenía que enfrentarme al papel en blanco. 

Esta vez, tenia munición.

lunes, 18 de junio de 2012

Relato Filmado


TRANSICIÓN DESDE NEGRO. Abrió los ojos y volvió al mundo. 
ELIPSIS. 
INTERIOR COCINA.Sus manos huesudas enroscan la cafetera metálica y la pone al fuego. 
SONIDO OFF. La radio escupe las noticias. 
DETALLE. Peina el poco cabello blanco que le queda. 
A CORTE. La mezcla de café y agua hierve.

martes, 12 de junio de 2012

Solitario George

El solitario George tenía sed. Hacía calor y estaba resguardado a la sombra de su árbol favorito. Con mucho esfuerzo, comenzó a caminar, las piernas le dolían, pero era normal a su edad: tenía más de cien años.

viernes, 8 de junio de 2012

El Detective y la Vibora

- Es una víbora. Dijo la señora Glick.

Todos los vecinos coincidían en la descripción de la víctima. Nadie tenía una buena imagen de ella. Al detective Johansson no le extrañaba ese hecho tan particular; la víctima le recordaba a Jane, su exmujer, la que se quedó con su casa, su coche y su hija. Tenía la misma altura, el mismo cuerpo voluptuoso y el mismo gusto en la ropa. Sólo había dos detalles que la hacían diferente de Jane: que era pelirroja... y que estaba muerta.

El cadáver estaba tirado en el salón, de espaldas y en medio de un charco de espuma blanca. Parecía que había sido envenenada, pero no había signos de que alguien más hubiese estado en el domicilio. Los Poulsen, los vecinos de abajo que llamaron al 911, habían declarado que sólo escucharon un golpe como de alguien que cae al suelo. Tampoco había signos de robo, y la cerradura no estaba forzada.

-¿Podría ser un suicidio? pregunto uno de los agentes.

- Puede ser. - respondió Johansson - Pero los suicidas son metódicos, no dejan al azar su muerte, por la posición del cuerpo, parece que la víctima se desplomó de un infarto.

sábado, 14 de abril de 2012

El Contrato

Nunca sabes cuan cercas vas a estar del diablo... hasta que tienes que tocar para él. 

sábado, 24 de marzo de 2012

Walt el Zombi

Todos lo conocíamos del pueblo. Walt el Zombi había muerto. Fue uno de esos funerales concurridos, como cuando falleció La señora McClane, aunque todo el pueblo la conocía como "la loca Harriet". 

El pobre Walt murió de un disparo en la cabeza, confundido con el atracador durante el robo de la gasolinera de los Mohinder. El policía declaro que creyó que quería atacarle, es normal, cuando veías a Walt daba la impresión de que un muerto viviente había venido a devorarte. Era delgado y de aspecto desgarbado, pálido y con los ojos hundidos, y siempre iba musitando algo. Pero su aspecto físico no era lo que más le acercaba a ser el extra de una película de Romero; era su caminar. Walt sufrió una apoplejía en Irak. Se fue de nuestro pueblo como el recluta Walter K. Gibbons, y volvió como Walt el zombi.

jueves, 15 de marzo de 2012

En el camino

Un joven campesino, harto de su vida en la granja decidió aventurarse el sólo en el bosque.

Emprendió la marcha, con su zurrón y su bastón. Al rato de caminar y recorrer senderos, encontró un claro con dos caminos: Uno era luminoso y sin malezas, adaptado por los hombres que moraron en esos bosques. El otro estaba virgen, y la luz, que entraba por la ramas que cubrían el camino, era tan débil, hasta tal punto, que no podías ver más allá de un par de yardas. El muchacho no sabía decidirse, así que probó a lanzar su bastón al aire y quedarse con el camino que saliese.

Pero cuando tiró el bastón, se dio cuenta que en su corazón, deseaba seguir el camino luminoso. Pero el bastón, en su azar, al caer le marcó el otro destino. Decidió tirar de nuevo el bastón, y volvió a salir el camino oscuro. Probó y probó, pero el resultado no cambió.

Harto, decidió seguir el camino luminoso, y emprendió de nuevo la marcha. Caminó durante lo que le parecieron horas, hasta que se dio cuenta que se le había hecho de noche. Un poco asustado, aligeró el paso, pero empezó a resultarle difícil con la maleza que empezaba a llenar el camino. Al rato vislumbró algo de luz y eufórico corrió cuanto pudo hacia el final del camino.

Para su sorpresa, había vuelto al claro, pues reconoció la entrada del sendero luminoso. Se dió la vuelta para contemplar el camino que había hecho: 

Tenía delante el otro sendero que había rechazado, oscuro, y ya no tan virgen.

jueves, 9 de febrero de 2012

La ventana en el techo

Hace poco tiempo fui consciente que tenía una ventana en el techo. Había vivido siempre allí y nunca me había dado cuenta.

Era una ventana peculiar: no estaba hecha para que entrase la luz del sol, porque era opaca, no reflejaba nada pues nada ni nadie podía proyectarse en su pulida superficie de cristal... 

Pero si te asomabas, podías percibir el mundo que te rodeaba, con una nitidez que ningún ojo podría imitar, veías el mundo tal como era, más allá de prejuicios, de eufemismos o medias verdades. Era un mundo cruel y al revés, lleno de contradicciones, pero bello en forma y contenido. Sentí mareos al mirar asombrado lo que tenía delante y me desmayé... 

Al despertar tapié la ventana con un par de tablones, temeroso de que esa nueva percepción de la realidad modificase todo mi ser... o me volviese loco. 

Volví a la rutina e intente ignorar que tenía una ventana en el techo... Aunque a veces, cuando me sentía asqueado de la realidad, volvía a pensar en esa ventana, fantaseando con la forma de ver el mundo que pasaba desapercibida para la mayoría de las personas. Incluso, soñé que en un ataque de locura arrancaba los tablones y volvía a mirar por aquella maldita ventana. 

No podía aceptar ver el mundo de dos formas: la que me habían dicho y la que yo experimentaba.... Así que hice lo correcto: tapie la ventana con cemento. 

Ya no pienso en ella, la he olvidado por completo... Pero a veces... A veces sueño que atravieso esa ventana y caigo en ese mundo, me estampo contra mi casa y despierto, con la última imagen que veo antes de morir: mi propio reflejo, en esa ventana, que tengo en el techo.