lunes, 23 de septiembre de 2013

2014: Odisea en un Opel Corsa


Me despedí del trabajo con un simple "que os follen a todos" y volví a mi casa. Era lo último que me faltaba por hacer antes de emprender el viaje. Revisé la maleta y comprobé que había metido de todo. La dejé en la parte trasera del coche y eché un último vistazo a la casa. Nunca más iba a volver. Me dirigí al garaje y encendí la plataforma de despegue. Espero que dos barriles de gasolina sean suficientes. Arranqué el motor. Suspiro. Todavía puedo echarme atrás... volver a mi vida cotidiana. Qué diablos, solo se vive una vez. Apreté el botón de despegue. Del tubo de escape comenzaron a salir llamas y hubo una pequeña explosión. El coche temblaba mientras nos elevábamos. Maldita sea, debería haber puesto más cinta de carrocero en las ventanas. 


Salí de la órbita del planeta y por primera vez pude contemplar el universo. Un enorme mar oscuro donde millones de puntos brillantes titilaban. Abrí la ventanilla y saque la cabeza para respirar. El universo olía a sal y polvo de estrellas. Aunque estaba fuera de la tierra, todavía era enorme. Una canica gigante de colores brillantes. Preparé la cámara y saque un par de fotos, Maldita sea, me he dejado los carretes encima de la mesa de la cocina. Esto me pasa por ser un enamorado de la fotografía analógica. Hice una foto con el móvil, pero salía todo desenfocado.

Era hora de darse un baño. Me puse el bañador y me subí al techo del coche para dar un buen salto. Al coger carrerilla me resbale y caí de boca. Menuda zambullida. Salí a la superficie y me quedé haciendo el muerto mientras contemplaba las estrellas. Me sentía bien conmigo mismo, como si hubiese vuelto de nuevo al vientre de mi madre. En ese momento pensé que todo el universo era un gran útero y los planetas y estrellas pequeños óvulos, esperando que los cometas impactasen contra ellos, dando comienzo a la vida... Fue la primera vez que al pensar en el universo y en su inabarcabilidad que no me sentí mareado. 

Di un par de brazadas más y me volví al coche. Tenía hambre. Puse rumbo al sol mientras me secaba con la toalla. Digan lo que digan los libros, el universo moja. Cuando me había acercado lo suficiente, salí del coche y me senté en el capó. Me puse crema solar, no me apetecía quemarme. Saqué la pequeña nevera portátil para preparar los pinchitos. Espera. Pongamos algo de música. Volví al interior del coche y rebusqué entre los cds. Di con un recopilatorio de Marley. "Sun is shining", que apropiado. Preparé los pinchitos y los aseguré en la parrilla. Cogí un poco de cuerda y até la parrilla para hacerla descender un poco hacia el sol. El olor de la carne me avisó que estaban hechos. Marley, pinchitos y cerveza fría ante el astro rey. Espero que la comida deshidratada de los astronautas sepa bien.

Me di un paseo por el sistema solar para contemplar cada uno de los planetas. Enormes canicas mecidas por las mareas cósmicas. Me dieron ganas de bajar a alguno para curiosear, pero no tendría suficiente combustible para salir de allí y todavía quedaba mucho por ver en el vasto cosmos que me aguardaba. Aceleré un poco y salí por la autopista rumbo a la vía láctea. Viajé por varias galaxias, contemple lluvias de estrellas y demostré mi pericia al volante al esquivar meteoritos. Aparcaba cerca de satélites y me echaba a dormir un rato, después continuaba mi camino hasta que me entraba hambre y cocinaba cerca de alguna estrella. 

Era la acampada más extraña y espectacular que había hecho nunca. Lástima que no tenga a nadie al lado para compartir la experiencia. Bueno, se lo pierden. A veces los exploradores deben de aventurarse solos en lo desconocido, abriendo el camino para los demás. Creo que puedo entender un poco a Colón cuando le decían que se moriría al caer por el borde de la tierra.

Tras varias semanas llegué a mi destino. Un enorme agujero negro que iba engullendo lentamente todo lo que le rodeaba. Según mis propios cálculos cuando lo atraviese, acabare en otro universo, o eso o desapareceré para siempre. Bueno, siempre pensé que no duraría demasiado así que será interesante descubrir que hay al otro lado. Quien sabe, a lo mejor encuentro a Dios, y le puedo pedir explicaciones de por qué se llevó a mi mujer tan pronto... da igual, no puedes cambiar lo que ya ha sucedido.

Dejo una nota junto al satélite más cercano, por si alguien sigue mis pasos. Enfilo el coche y acelero, en busca de una nueva aventura.