Un pájaro
con plumas de cristal, que no podía dormir, se posó en un árbol y comenzó a
cantar. Un gato de nueve colas, de color cenizo, salió de su tenebre callejón a
conocer a su cena. El gato observó al pájaro
desplegar su bello canto cual cantante de Ópera. Turbado como Stendhal ante el pájaro,
el deseo se mezcló con su instinto de caza. La tensión entre víctima y asesino
iba creando el escenario de la tragedia. Hubo una confrontación. Garras y
picos. Cuchillos y mordiscos. Una elaborada coreografía de violencia, deseo y supervivencia.
Todo se tiñó de rojo oscuro, hasta quedar un amasijo. Los restos se
convirtieron en el banquete de cuatro moscas sobre terciopelo gris.
Ah!
Suspirios....
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