Todos lo conocíamos del pueblo. Walt el Zombi había muerto. Fue uno de esos funerales concurridos, como cuando falleció La señora McClane, aunque todo el pueblo la conocía como "la loca Harriet".
El pobre Walt murió de un disparo en la cabeza, confundido con el atracador durante el robo de la gasolinera de los Mohinder. El policía declaro que creyó que quería atacarle, es normal, cuando veías a Walt daba la impresión de que un muerto viviente había venido a devorarte. Era delgado y de aspecto desgarbado, pálido y con los ojos hundidos, y siempre iba musitando algo. Pero su aspecto físico no era lo que más le acercaba a ser el extra de una película de Romero; era su caminar. Walt sufrió una apoplejía en Irak. Se fue de nuestro pueblo como el recluta Walter K. Gibbons, y volvió como Walt el zombi.
sábado, 24 de marzo de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
En el camino
Un joven campesino, harto de su vida en la granja decidió aventurarse el sólo en el bosque.
Emprendió la marcha, con su zurrón y su bastón. Al rato de caminar y recorrer senderos, encontró un claro con dos caminos: Uno era luminoso y sin malezas, adaptado por los hombres que moraron en esos bosques. El otro estaba virgen, y la luz, que entraba por la ramas que cubrían el camino, era tan débil, hasta tal punto, que no podías ver más allá de un par de yardas. El muchacho no sabía decidirse, así que probó a lanzar su bastón al aire y quedarse con el camino que saliese.
Pero cuando tiró el bastón, se dio cuenta que en su corazón, deseaba seguir el camino luminoso. Pero el bastón, en su azar, al caer le marcó el otro destino. Decidió tirar de nuevo el bastón, y volvió a salir el camino oscuro. Probó y probó, pero el resultado no cambió.
Harto, decidió seguir el camino luminoso, y emprendió de nuevo la marcha. Caminó durante lo que le parecieron horas, hasta que se dio cuenta que se le había hecho de noche. Un poco asustado, aligeró el paso, pero empezó a resultarle difícil con la maleza que empezaba a llenar el camino. Al rato vislumbró algo de luz y eufórico corrió cuanto pudo hacia el final del camino.
Para su sorpresa, había vuelto al claro, pues reconoció la entrada del sendero luminoso. Se dió la vuelta para contemplar el camino que había hecho:
Tenía delante el otro sendero que había rechazado, oscuro, y ya no tan virgen.
Emprendió la marcha, con su zurrón y su bastón. Al rato de caminar y recorrer senderos, encontró un claro con dos caminos: Uno era luminoso y sin malezas, adaptado por los hombres que moraron en esos bosques. El otro estaba virgen, y la luz, que entraba por la ramas que cubrían el camino, era tan débil, hasta tal punto, que no podías ver más allá de un par de yardas. El muchacho no sabía decidirse, así que probó a lanzar su bastón al aire y quedarse con el camino que saliese.
Pero cuando tiró el bastón, se dio cuenta que en su corazón, deseaba seguir el camino luminoso. Pero el bastón, en su azar, al caer le marcó el otro destino. Decidió tirar de nuevo el bastón, y volvió a salir el camino oscuro. Probó y probó, pero el resultado no cambió.
Harto, decidió seguir el camino luminoso, y emprendió de nuevo la marcha. Caminó durante lo que le parecieron horas, hasta que se dio cuenta que se le había hecho de noche. Un poco asustado, aligeró el paso, pero empezó a resultarle difícil con la maleza que empezaba a llenar el camino. Al rato vislumbró algo de luz y eufórico corrió cuanto pudo hacia el final del camino.
Para su sorpresa, había vuelto al claro, pues reconoció la entrada del sendero luminoso. Se dió la vuelta para contemplar el camino que había hecho:
Tenía delante el otro sendero que había rechazado, oscuro, y ya no tan virgen.
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