El Coco
Nací en la oscuridad, en medio de la nada.
Solo, sin cuerpo, era todo dentada.
Hambriento estaba y a nadie encontraba,
Por lo que me marche en busca de manada.
Viaje por todos lados,
Sin encontrar un amigo, un hermano,
Alguien con quien estar y no sentirme abandonado.
A cada adulto que podía conocer,
Se espantaba que solo una boca era todo mí ser.
Y ya que era despreciado y el hambre me poseía,
¡Qué diablos! ¡Ñam! ¡Me lo comía!
Pero los niños no se asustaban,
Era divertido como actuaban.
Jugábamos, jugábamos sin parar.
Sonrisas y canciones para bailar.
Tanto juego, baile y diversión,
En mí se cobró una maldición:
Tan cansado me encontraba, que el hambre me traicionaba
Y sin pensarlo, al niño agarraba y me lo tragaba.
De comer muchos humanos, me crecieron un par de manos.
Y por respeto y compasión me puse a coser un camisón.
Cada retal era un amigo que el destino cruzo conmigo.
Ahora todos juntos seguiríamos jugando por el camino.
Pero he aquí la paradoja que acongoja todo mi ser:
Pues el esfuerzo de coser, me llega a desfallecer,
Hace mi hambre crecer, y de nuevo he de comer,
Para luego entristecer y tener que volver a coser.
¿Querrá el destino cruel y mezquino,
Que tú y yo crucemos nuestros caminos?
Duérmete niño, duérmete ya, o vendrá el coco...
y te devorará.
