jueves, 15 de marzo de 2012

En el camino

Un joven campesino, harto de su vida en la granja decidió aventurarse el sólo en el bosque.

Emprendió la marcha, con su zurrón y su bastón. Al rato de caminar y recorrer senderos, encontró un claro con dos caminos: Uno era luminoso y sin malezas, adaptado por los hombres que moraron en esos bosques. El otro estaba virgen, y la luz, que entraba por la ramas que cubrían el camino, era tan débil, hasta tal punto, que no podías ver más allá de un par de yardas. El muchacho no sabía decidirse, así que probó a lanzar su bastón al aire y quedarse con el camino que saliese.

Pero cuando tiró el bastón, se dio cuenta que en su corazón, deseaba seguir el camino luminoso. Pero el bastón, en su azar, al caer le marcó el otro destino. Decidió tirar de nuevo el bastón, y volvió a salir el camino oscuro. Probó y probó, pero el resultado no cambió.

Harto, decidió seguir el camino luminoso, y emprendió de nuevo la marcha. Caminó durante lo que le parecieron horas, hasta que se dio cuenta que se le había hecho de noche. Un poco asustado, aligeró el paso, pero empezó a resultarle difícil con la maleza que empezaba a llenar el camino. Al rato vislumbró algo de luz y eufórico corrió cuanto pudo hacia el final del camino.

Para su sorpresa, había vuelto al claro, pues reconoció la entrada del sendero luminoso. Se dió la vuelta para contemplar el camino que había hecho: 

Tenía delante el otro sendero que había rechazado, oscuro, y ya no tan virgen.