lunes, 18 de junio de 2012

Relato Filmado


TRANSICIÓN DESDE NEGRO. Abrió los ojos y volvió al mundo. 
ELIPSIS. 
INTERIOR COCINA.Sus manos huesudas enroscan la cafetera metálica y la pone al fuego. 
SONIDO OFF. La radio escupe las noticias. 
DETALLE. Peina el poco cabello blanco que le queda. 
A CORTE. La mezcla de café y agua hierve.


En los últimos días de su vida, aquel viejo había comenzado a proyectar su vida. Al principio sólo eran pases cortos, casi cortometrajes. Escenas sueltas provocadas por los pequeños detalles. Lo perturbaban un poco, pues pensaba que aquellos momentos eran el pase previo a acabar senil.

Odiaba perder la filmoteca que con tanto esmero había conseguido acumular con el paso de los años. Así que decidió montar la película de su vida. Nunca había trabajado en el mundo del cine, a decir verdad no le gustaba. Sólo había ido de joven con el pretexto de meter mano al amparo de la oscuridad. Entonces, ¿Cómo pudo hacer semejante colección?

Porque guardaba con recelo pequeños instantes de su experiencia, como talismanes a los que volver en caso de dudas. Momentos captados con sus ojos y positivados en su cerebro. Un bruto de imágenes y sonidos desordenados, descoloridos y desincronizados por el paso del tiempo. Así que comenzó a restaurar todo el material, con el fin de poder montar su obra maestra.

Su vida se había rodado en muchos países y ciudades. No había gozado de un trabajo estable, pero no lo deseaba, siempre había sido inquieto, como si temiese perderse algo interesante en otra localización Los giros de guion lo habían llevado de un lado a otro, había actuado ante cientos de secundarios, miles de extras, pero muy pocos coprotagonistas. No tuvo muchos amigos de verdad, pero pudo contar con ellos en los puntos de giro más importantes. Se ganó sus antagonistas como el que más, aunque intentó no enfrentarse a todos, pues aunque era el protagonista, el héroe de su historia, no siempre acabaría con el tópico del bien que triunfa sobre el mal.

Al montar se dio cuenta que no podía hacerlo de forma continua, la narrativa era floja y a veces había que esperar mucho para seguir el hilo de las tramas secundarias. Comenzó a englobar las escenas en bloques que tuviesen sentido. Primero su infancia, y al llegar a la adolescencia, los flashfowards y flashbacks impregnaron el relato.

Pequeños y grandes capítulos; divididos en ciudades, trabajos, amistades, familia... Y mujeres.

Escenas imposibles donde el raccord era emocional: El detalle del beso, encadenado al general de la ruptura. La secuencia de la borrachera a corte con el diálogo en la comisaría. Interludios de sueños, deseos y pesadillas. Incluso, pequeños esbozos de escenas dónde no estuvo, pero que le contaron y ayudaban a dar coherencia al relato. Una obra sin género concreto. Un pastiche donde sobresalían el drama y la comedia. Fue montando poco a poco, y tuvo que cortar varios momentos, por ser insulsos o muy vergonzosos. Puso alguna pincelada de sexo, entre el erotismo y la pornografía, lo suficiente para no ruborizarse, ni para echarlo de menos.

Cuando casi había terminado se dio cuenta que no tenía el tercer acto. No podía terminar su obra, aún seguía vivo y podía acumular alguna bovina más. Esto le preocupó, pues si no cerraba la historia, ¿Qué premisa habría detrás? Visionó varias veces el Master, a la espera de encontrar algún plano con el que fundir a negro. No le gustaban los que tenía. Tras mucho pensar decidió cerrar con un medio de él, ahora.

Se miró al espejo para fotografiar el plano, y vio su premisa: No había nada que aprender. No existía una valoración final, no había moraleja. Sólo la crónica de la supervivencia, de su supervivencia. Sonrió y se despidió con un gesto. 
Sale de cuadro.

CRÉDITOS.